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El sacrificio de Cristo y la Misa

Jesús y el Todah.

 

El sacrificio de acción de gracias, o todah, que traducido al griego es eucaristia, fue uno de los aspectos más importantes de la adoración en el Templo de Jerusalén.

 

El todah se ofrecía en acción de gracias por la liberación de algún peligro grave.

 

La ofrenda de todah era una comida de sacrificio compartida con amigos. Incluía una ofrenda de pan y vino. Se asemejaba al sacrificio de Melquisedech en acción de gracias por el rescate del pueblo en Salem.

 

Los rabinos antiguos enseñaron que, tras la venida del Mesías, todos los sacrificios cesarían excepto el todah, que nunca dejaría de ofrecerse en toda la eternidad. O, para usar términos que hubieran sido familiares para los millones de judios de habla griega en los tiempos del Nuevo Testamento: Después de la venida de Cristo, todos los sacrificios cesan excepto la Eucaristia.

 

El sacrificio de Cristo.

 

En la Última Cena, Jesús dice: "Esta copa es la nueva alianza en mi sangre" (I Corintios 11, 23-26).

 

Estas palabras son un eco del sacrificio que Moisés ofreció para celebrar la alianza de Dios con Israel tras el éxodo de Egipto.

 

Después de que Moisés lee el libro de la Alianza y el pueblo profesa su fe, Moisés toma la sangre de los toros del sacrificio y la rocía sobre el pueblo. Al hacerlo utiliza las palabras que Jesús cita en la última cena: "Esta es la sangre de la Alianza que el Señor ha hecho con vosotros de acuerdo con todas estas palabras suyas" (Ex 24, 5-8).

 

Jesús introduce algo nuevo, que recuerda los sacrificios sangrientos del Antiguo Testamento, pero cuya forma se asemeja al sacrificio del todah y recuerda al hecho por Melquisedech.

 

Al igual que Melquisedech, Cristo ofrece pan y vino; pero su sacrificio es infinitamente mayor, porque el pan y el vino son su propio cuerpo y sangre. Además, ha dado a sus seguidores una manera de participar en ese sacrificio.

 

La misa es una participación real en su único sacrificio. La misa vuelve a presentar ese sacrificio, haciéndolo presente. No es un sacrificio nuevo, es siempre el mismo actualizado. El sacrificio es eterno, está fuera del tiempo.

 

Sacerdotes que ofrecen sacrificio.

 

Cada miembro del pueblo de Dios ha sido hecho miembro del "Santo sacerdocio" de la Iglesia (1 Pedro 2, 4-5, 9), como Israel fue llamado una vez "un reino de sacerdotes" (Ex 19,6).

 

Cada uno de nosotros está llamado a "ofrecer sacrificios espirituales" (1 Pedro 2, 4-5).

 

Como Cristo se ofreció en la Cruz, estamos llamados a ofrecer nuestro propio cuerpo y nuestra propia vida en la misa. 

 

Unidos a Cristo en el bautismo, compartimos su sacerdocio, pues formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia. Con él también nos ofrecemos en sacrificio (cf Romanos 12, 1).

 

En la liturgia de la Eucaristía estamos unidos a la historia de la salvación.

 

En la palabra proclamada en la misa volvemos a vivir el misterio de la salvación. En el pan y el vino consagrados en el altar entramos en ese misterio de salvación.

 

a través de la liturgia ocupamos nuestro lugar en la historia de la salvación.