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La "Apatheia": Fruto de la vida ascética.

Apatheia es una cierta impasibilidad y plena libertad de las pasiones. 

 

Extinguir las pasiones con la ascesis no significa destruir la naturaleza, sino únicamente las tendencias malas de la carne.

 

Casiano habla de este estado, meta de la vida ascética, como de "inmobilis tranquilitas mentis". Una completa serenidad, en la que el hombre no sufre el aguijón de la carne, y es plenamente dueño de sí mismo, porque ha logrado una victoria total contra ella.

 

La apatheia es el fruto de la perfecta pureza de corazón. Dos estados no sinónimos, pero muy afines.

 

Aquí se goza de paz muy completa consigo mismo y con otros. Ya no le turban los deseos de la carne, porque ha renunciado a su propia voluntad con una entrega completa de sí mismo, para entrar en la unión íntima y exclusiva de Cristo resucitado.

 

se ven todas las cosas con la mirada de Dios y se posee un juicio más fino de sí mismo y de todo lo relacionado con la virtud.

 

Casiano identifica este estado con la caridad perfecta, la cual es para San Benito el ideal al que tiende el trabajo ascético.

 

Esta caridad o amor ardiente y recíproco de Dios al alma, inunda toda su vida, y marca toda su conducta con los demás hombres.

 

Como vemos, el fin último de la ascesis monástica, lejos de ser algo negativo, consiste en la unión íntima con Dios.

 

La ascesis no es cuestión de dar sino de recibir, RECIBIR EL DON QUE DIOS HACE DE SÍ MISMO A LOS QUE AMA.